12 formas sencillas de beber más agua este verano
¿Llegas al final del día y te das cuenta de que apenas has bebido agua? No estás sola/o. Es algo que me comentáis muchísimo en consulta: "Mayte, sé que debería beber más agua, pero se me olvida" o "es que el agua sola no me gusta". Soy Mayte Castellano, apasionada en la nutrición integrativa, y hoy quiero hablarte de algo tan sencillo y tan importante a la vez como aprender formas de beber más agua este verano sin que se convierta en una obligación ni en algo que te genere estrés. Porque la hidratación afecta a todo: a tu digestión, a tu energía, a tu piel, a tu concentración y hasta a cómo te sientes emocionalmente.
¿Cuánta agua necesita realmente tu cuerpo?
Antes de entrar en los consejos, me parece importante aclarar esto porque hay mucha confusión. La recomendación general habla de entre 1,5 y 2 litros de agua al día para un adulto en condiciones normales, aunque esta cantidad puede variar bastante según tu nivel de actividad física, el clima donde vives, tu estado de salud o si estás en una época de más estrés. En verano, con el calor y el sudor, la necesidad aumenta todavía más.
Y aquí viene algo que siempre digo: la sed no es el mejor indicador de hidratación. Cuando ya sientes sed, tu cuerpo lleva un rato pidiendo agua. Un indicador mucho más fiable es el color de la orina: si es amarillo pálido o casi transparente, vas bien; si es amarillo oscuro o intensa, es señal de que necesitas beber más.
Dicho esto, vamos con las 12 formas que de verdad funcionan.
12 formas sencillas de beber más agua este verano
1. Empieza el día con un vaso de agua en ayunas
Durante la noche, tu cuerpo lleva horas sin recibir líquido. Lo primero que puedes hacer al levantarte, incluso antes del café, es beber un vaso de agua. Si le añades un chorrito de zumo de limón recién exprimido, le das un pequeño empujón digestivo y el hábito resulta más agradable. Con el tiempo, se convierte en algo automático que ni piensas.
2. Ten siempre agua a la vista
Si tienes que levantarte a buscar agua, no la beberás. Si la tienes delante, sí. Pon una botella o un vaso grande en tu escritorio, en la encimera de la cocina, en la mesita del salón. El agua visible se bebe. La que está guardada en el armario, no. Si sales de casa, lleva siempre una botella reutilizable encima: cuando tienes agua a mano, la probabilidad de acabar comprando un refresco baja considerablemente.
3. Aprovecha las frutas con alto contenido en agua
Beber agua no es la única forma de hidratarte. En verano tenemos a nuestro alcance algunas de las frutas más hidratantes del año: sandía, melón, fresas, naranja y pomelo tienen un contenido en agua altísimo. Un bol de fruta fresca, un smoothie o unas brochetas de frutas no solo son opciones deliciosas para el calor, también te ayudan a llegar a tu ingesta diaria de líquido de una forma muy natural.
4. Incluye verduras crudas o poco cocinadas
Al igual que la fruta, muchas verduras tienen un contenido en agua muy elevado: lechuga (hasta un 98% de agua), pepino, calabacín, apio, berenjena y coliflor son buenas opciones. Ten en cuenta que el calor prolongado les hace perder parte de ese agua, así que en verano es perfectamente momento para incluirlas también en crudo: ensaladas, gazpacho, carpaccios de verduras o crudités con hummus son ideas perfectas para la temporada.
5. Dale sabor al agua si la encuentras aburrida
Uno de los motivos más frecuentes por los que la gente no bebe suficiente agua es que le parece insípida. La buena noticia es que puedes darle sabor de forma muy sencilla y sin añadir azúcar ni aditivos. Algunas ideas que funcionan muy bien en verano:
- Rodajas de limón, naranja o pomelo
- Pepino con menta fresca
- Fresas con albahaca
- Jengibre con lima
- Sandía con hierbabuena
Deja la fruta o las hierbas macerando en una jarra con agua durante un rato y tendrás una bebida refrescante, bonita y sin calorías vacías.
6. Prueba las infusiones frías
Las infusiones frías o cold brew de hierbas son una opción estupenda para el verano que poca gente aprovecha. Prepara por la noche una jarra de manzanilla, menta, rooibos o jengibre con limón, déjala enfriar en la nevera y tendrás una bebida refrescante e hidratante lista para todo el día. Sin cafeína, sin azúcar y con todo el sabor.
7. Asocia el agua a momentos del día que ya tienes automatizados
La clave para crear cualquier hábito nuevo es anclarlo a algo que ya haces de forma automática. Algunos momentos perfectos para beber agua son:
- Al levantarte, antes del café
- Antes de cada comida principal
- Después de ir al baño
- Al terminar una reunión o un bloque de trabajo
- Antes de acostarte
No se trata de beber grandes cantidades de golpe, sino de ir distribuyendo la ingesta a lo largo del día de forma constante y sin esfuerzo.
8. Reduce el café y compénsalo con agua
La cafeína tiene efecto diurético, es decir, estimula la eliminación de líquido a través de la orina. Esto no significa que tengas que eliminar el café de tu vida, pero sí es importante que seas consciente de que no hidrata de la misma manera que el agua. Una buena regla práctica: por cada taza de café o té con cafeína, intenta compensar con un vaso extra de agua. Y si consumes alcohol en verano, ten en cuenta que también tiene un efecto deshidratante importante.
9. Usa recordatorios en el móvil
Si tu problema es simplemente que el día se come tu atención y el agua queda en el olvido, una alarma cada dos horas en el móvil es suficiente para recordarte que toca beber. No es necesario que lo uses para siempre, solo durante las primeras semanas, hasta que el hábito quede instalado de forma natural.
10. Prueba una aplicación de hidratación
Existen aplicaciones específicas que te permiten registrar lo que bebes, poner recordatorios personalizados y ver tu progreso diario. Las hay para todos los gustos y la mayoría son gratuitas. Si eres de las personas a las que motiva ver el progreso en cifras, puede ser una herramienta muy útil para empezar.
11. Deja un vaso de agua en la mesita de noche
En verano las noches son más calurosas y es habitual despertarse con sed. Tener un vaso de agua en la mesita de noche no solo te ayuda a hidratarte si te despiertas, también te da la oportunidad de beber los primeros sorbos del día antes incluso de levantarte de la cama. Un pequeño gesto con un impacto real en tu hidratación diaria.
12. Empieza poco a poco si el agua te cuesta mucho
Si ahora mismo bebes muy poca agua y el objetivo de 1,5-2 litros te parece inalcanzable, no intentes llegar ahí de golpe. Empieza por añadir un vaso más al día durante una semana. Luego otro. El proceso gradual es mucho más sostenible que el cambio radical que dura tres días y se abandona. También puedes empezar añadiendo infusiones frías o agua con gas natural como transición, e ir aumentando el agua sola poco a poco.
Te lo explico rápidamente en esta infografía

La hidratación y tu digestión: una conexión que no puedes ignorar
Una de las razones por las que insisto tanto en la hidratación desde un enfoque de nutrición integrativa es su impacto directo sobre la digestión. El agua es imprescindible para que el sistema digestivo funcione bien: facilita el tránsito intestinal, ayuda a prevenir el estreñimiento, favorece la producción de jugos digestivos y contribuye a mantener en equilibrio la microbiota intestinal.
Cuando no bebes suficiente agua, el intestino absorbe más líquido de las heces para compensar, lo que las endurece y ralentiza el tránsito. De ahí que la deshidratación sea una de las causas más frecuentes y más fáciles de corregir del estreñimiento funcional.
Eso sí, hay un matiz importante: no es lo mismo beber agua a lo largo del día que beber grandes cantidades justo durante las comidas, y tampoco es lo mismo beberla fría que templada. Si quieres saber más sobre cómo la temperatura del agua puede afectar a tu digestión, te dejo este artículo que te va a interesar mucho: ¿Es mala el agua fría para la digestión?
Señales de que no te estás hidratando bien

Muchas veces asociamos síntomas cotidianos a otras causas sin pensar que detrás puede haber simplemente una deshidratación leve. Algunos de los más frecuentes son:
- Dolor de cabeza o sensación de presión
- Cansancio o falta de concentración sin causa aparente
- Estreñimiento o digestiones lentas
- Piel seca o sin luminosidad
- Sensación de hambre cuando en realidad tienes sed
- Orina oscura o con olor fuerte
- Mareos leves al levantarte
Si reconoces varios de estos síntomas en tu día a día, antes de buscar soluciones complicadas, empieza por algo tan básico como aumentar tu ingesta de agua. A veces la solución más sencilla es la que más se pasa por alto.
Reflexión final
Estas 12 formas de beber más agua este verano no requieren grandes esfuerzos ni cambios drásticos. Requieren pequeños hábitos constantes: tener agua visible, darle sabor si la encuentras aburrida, aprovechar la fruta y verdura de temporada y escuchar lo que tu cuerpo te dice cuando no te hidratas bien.
La hidratación es, junto con la alimentación y el descanso, una de las bases más importantes de tu salud digestiva y tu bienestar general. Y muchas veces es también la más ignorada, precisamente por parecer demasiado sencilla.
Prueba a implementar uno o dos de estos hábitos esta semana y observa cómo te sientes. A veces los cambios más pequeños son los que más se notan 🌿